1.
Lectura en las aulas como una
práctica extensiva de la cotidianidad
El
enfoque actual en la enseñanza de la lengua nos conduce a la funcionalidad de
la lectura y a la practicidad de esta. Vista desde esa óptica, es necesario que
nuestras prácticas áulicas estén encaminadas a lograr que la lectura no sea
vista como un ejercicio exclusivo de la escuela, por el contrario, esta solo es
una creadora y promotora de escenarios reales de comunicación por lo que sus
ejercicios están encaminados a producir lectores y escritores más allá de sus
paredes.
Todo
esto con miras a la realización de un ente social y participativo dentro de la
sociedad en que se desenvuelve. Capaz de ejercer su ciudadanía con
responsabilidad y utilizar su lenguaje como medio de sobrevivencia personal.
Así
mismo, un cambio en la visión de la práctica lectora como alternativa para
solucionar los problemas que se presentan en su cotidianidad. Ejemplo de ellos
la lectura de la biblia, interpretación de discursos políticos, lectura de
noticia lectura de cuentos a sus hijos.
2.
Realización de lecturas para ser
interactuadas con otros
Dentro
de las tareas que posee un miembro pleno de una comunidad lectora subyace la
posibilidad de poder elegir tópicos y contenidos dentro de la
lectura apropiados para compartir con otros.
Las
prácticas lectoras y escritoras del aula han de estar, por tanto, encaminadas a
brindar la oportunidad de practicar en una micro comunidad de aprendizaje de
lectores que se apoyan y se comparten sus vivencias y conocimientos a partir de
los textos consumidos. A todo esto, se añade una grandiosa oportunidad de
crecimiento social de la tolerancia y respeto hacia la opinión de los demás. La
libertad de expresión se ve favorecida al permitirse la constatación de los
diferentes pareceres respecto al mismo tema.
3.
Introducir los quehaceres del lector
y del escritor como contenidos en el aula
Representa
un gran desafío para los docentes integrar a sus prácticas de alfabetización
inicial las técnicas de redacción y las
habilidades de lectoría plena de una manera simultanea puesto que ello
contribuirá a complementarla. Todo ello con el fin de que ambas no aparezcan de
forma divorciada y a la vez motivaran la formación de escritores naturales y
especializados desde los primeros años de escolaridad, perfeccionando así su práctica
con el pasar de los años.
4.
Trabajar la superestructura de los
textos sin caer en una mera verbalización de estas
Dentro
de las exigencias curriculares está expuesta la necesidad de enseñar la
superestructura de cada uno de los textos programados en este. Todo ello con el
propósito del reconocimiento de sus peculiaridades, logrando así su
diferenciación respecto a otros. Lo anterior expuesto, no ha de ser tomado por
el docente como excusa para una conceptualización vaga y descontextualizada.
Esta,
por el contrario, ha de darse a partir de la visualización del texto en tamaño
grande que permita destacar su silueta y características fundamentales. De no
hacerlo así, se estaría cayendo en una pérdida de tiempo y en un ejercicio mecánico
de memorización conceptual. Es decir, en una práctica absurda, de escasa
motivación y de bajo aprovechamiento.
Es por lo anterior expuesto que, el
trabajo de un buen docente alfabetizador es motivar el respeto de dicha estructura y de
las características de cada tipo de producción textual a la hora de servir de guía en el proceso de escritura de sus alumnos.
5. Conducir
hacia la apreciación literaria sin caer en vagas interpretaciones
El deleite a partir del
consumo de literatura ha de promoverse en las aulas sin importar la edad de los
educandos, sobre todo, la apreciación de lo estético de la lengua a partir de
este género. Dicha acción, ha de constituirse, en la verdadera misión de un
docente de esta área.
Por
el contrario, las interpretaciones de esta tipología textual, aunque
desarrollan de alguna manera el intelecto, tal y como lo han planteado algunos
autores, podría caer en lo insignificante y hasta absurdo, además en muchas
ocasiones, se alejan del sentido propio de lo que han querido expresar estos.
Es
por lo que se expresa en el párrafo anterior que, se requiere de una visión distinta
a lo que por costumbre se ha venido realizando en función a la exegesis hecha a
esta clase de texto. Aunque la ya
mencionada practica podría constituirse en una excelente crítica social o
política, es innegable que la verdadera
misión de un texto literario, es recrear
produciendo una sensación placentera a
quien lee.
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